25 Noviembre, 2008 23:29
impaciencia
Escrito por laieta89, Categorías [ Pensamientos ][ (0) Comentario ] | [ (0) Retroenlaces ]
Un día la vi, caminando justo al lado de la orilla, donde las olas rompían con más fuerza. Era un día de temporal, hacía viento y su larga melena rubia se revoloteaba como una hoja de otoño que cae desde el árbol más alto de ese parque, donde solían sentar-se en silencio las dos. Empezaba a caer la noche y el frio era cada vez más intenso. Se le helaban los huesos aunque por razones que desconozco no se movía del pequeño espacio que ocupaba su cuerpo. No conseguía distinguir su rostro. Se sentó en la arena encima de un fular de color lila pálido, pero bonito. Cogió una goma para el pelo y se hizo una coleta, tenía el pelo bonito aunque parecía que a ella no le gustaba. Miraba siempre hacia abajo, como un animal que ha sido abandonado por su dueño y que por más que no quiera, sabe cuál será su final y que todo aquello que tenía hasta entonces; su gente, sus cosas, su habitación… se borrará de su vida, aunque no de sus pensamientos. Y esos se van a hacer duros, van a doler en lo más profundo, donde ni las entrañas ni las vísceras tienen cabida.
Veía como temblaba por el frío, no llevaba ni una chaqueta pero tampoco parecía estar sufriendo por eso. No lograba entender porque no se abrigaba hasta que me di cuenta que lo que necesitaba era el calor de alguien que la arropara. Estaba sola en medio de la playa, pero eso poco le preocupaba, era la necesidad de tenerla a ella, de sentarse junto a la orilla acompañada; sin explicaciones, sin preocupaciones. La vista se le nublaba y los ojos se enrojecían, había algo que le faltaba a esa incontrolada vida, a esos irresponsables fines de semana, a las horas desperdiciadas. La vida la llevaba por un mal camino que aunque intentaba escoger siempre la puerta más correcta, acaba normalmente por escoger la más errónea. Se preguntaba qué era lo que hacía mal, que cosas debía cambiar para no tropezar-se una y otra vez con la misma piedra. Y se lo preguntaba día tras día, y hora tras hora. La impaciencia de encontrar las respuestas, se decía a ella misma, no siempre es el mejor camino, la impaciencia solo te lleva a alargar los malos momentos a no controlar tus actos, a adentrarte en bosques muy oscuros, a surcar mares con miles de millones de gotas de agua. Y cuando te das cuenta de eso, sigues llenando esa mar con tus lágrimas, con el desamor de los que amas, con la decepción de ti misma y las esperanzas e ilusiones que vas perdiendo por el camino.
Cuando llevaba por lo menos una hora observándola, me di cuenta del espejo que tenía delante, que esa chica no era más que mi reflejo. La arena de playa se convirtió en las sabanas de mi habitación. El mar que se guardaba a sus pies, era mi armario con ese espejo delante. Y ahora sin poder dejar de mirarme, pensaba… ¿si tan bien te conoces porqué no dejas de lado esa impaciencia?




