Nada tiene buen sabor, no hay olores que me atraigan, no hay deseos inacabables, no hay montañas q surcar, ni camino que recorrer. Al despertar y abrir los ojos, al desdibujar lo que algún día fueren nuestros sueños, es cuando hecho de menos tu sabor. El roce de tu cuerpo con mi lengua, la ternura de tu cálido cuello y el cosquilleo frío de tu vientre al recorrerte.  Sabores conocidos, recuerdos insaciables. El olor de tu pelo, tu colonia favorita, tu personalidad en fragancia. Olores conocidos, olores insaciables. El deseo de tu cuerpo, de tocar tu piel, de abrazarte y hacer el amor contigo. Deseos conocidos, deseos insaciables. Las montañas de felicidad, las montañas de ilusiones, de ternura, amor, pasión, también de problemas y obstáculos. Pero montañas conocidas, montañas insaciables. Y caminos por donde pisar, apretar fuerte los pies, sentarnos en medio del camino a descansar, ir i volver, volver a ir y andar y andar, nunca parar. Caminos conocidos, caminos insaciables.