Se me escapa ese momento, lo recuerdo y me estremezco. No puedo ya soportarlo, saber que no vas estar nunca más a mi lado. Ansiaría retroceder en el tiempo y buscar ese preciso momento, cambiar nuestras palabras y reemplazarlas por un te quiero. Han pasado ya muchos meses, pero tan solo tres semanas desde que tu cuerpo ansió el mío y juntas nos devoramos el alma. Empecé a olvidar lo que significaba tu aroma en mi pecho, tus dedos en mi nuca, los míos recorriendo tu cuerpo. Y ahora vuelvo a tener ese recuerdo, incrustado en mis pupilas, que miran ahora hacia un cielo desbocado. No me arrepentiré de nuestros actos, no voy a torturarme por ello. Solo me mortifico pensando en no volver a repetirlo, en dejar pasar esos soplos de aire que antes parecían tan eternos. Y ahora es todo tan efímero que se dispersa una lágrima por cada segundo en que te pienso.

No puedo ser solo tu amiga, ni encontrar juntas cierta armonía, no estoy aun preparada para ver como haces tu camino en solitario y dejarte ir, verte marchar sin más. Como si me encarcelaran en un largo camino y ver como te vas, poco a poco, mirando en algún momento hacia atrás. Te vas haciendo pequeña, tu silueta se desvanece hasta que no te distingo entre la gente, te pierdo y no puedo perseguirte. Ahora sí, ya se acabó, se terminó lo que un día todo empezó.