Se me escapa ese momento, lo recuerdo y me estremezco. No puedo ya soportarlo, saber que no vas estar nunca más a mi lado. Ansiaría retroceder en el tiempo y buscar ese preciso momento, cambiar nuestras palabras y reemplazarlas por un te quiero. Han pasado ya muchos meses, pero tan solo tres semanas desde que tu cuerpo ansió el mío y juntas nos devoramos el alma. Empecé a olvidar lo que significaba tu aroma en mi pecho, tus dedos en mi nuca, los míos recorriendo tu cuerpo. Y ahora vuelvo a tener ese recuerdo, incrustado en mis pupilas, que miran ahora hacia un cielo desbocado. No me arrepentiré de nuestros actos, no voy a torturarme por ello. Solo me mortifico pensando en no volver a repetirlo, en dejar pasar esos soplos de aire que antes parecían tan eternos. Y ahora es todo tan efímero que se dispersa una lágrima por cada segundo en que te pienso.

No puedo ser solo tu amiga, ni encontrar juntas cierta armonía, no estoy aun preparada para ver como haces tu camino en solitario y dejarte ir, verte marchar sin más. Como si me encarcelaran en un largo camino y ver como te vas, poco a poco, mirando en algún momento hacia atrás. Te vas haciendo pequeña, tu silueta se desvanece hasta que no te distingo entre la gente, te pierdo y no puedo perseguirte. Ahora sí, ya se acabó, se terminó lo que un día todo empezó.


 


Nada tiene buen sabor, no hay olores que me atraigan, no hay deseos inacabables, no hay montañas q surcar, ni camino que recorrer. Al despertar y abrir los ojos, al desdibujar lo que algún día fueren nuestros sueños, es cuando hecho de menos tu sabor. El roce de tu cuerpo con mi lengua, la ternura de tu cálido cuello y el cosquilleo frío de tu vientre al recorrerte.  Sabores conocidos, recuerdos insaciables. El olor de tu pelo, tu colonia favorita, tu personalidad en fragancia. Olores conocidos, olores insaciables. El deseo de tu cuerpo, de tocar tu piel, de abrazarte y hacer el amor contigo. Deseos conocidos, deseos insaciables. Las montañas de felicidad, las montañas de ilusiones, de ternura, amor, pasión, también de problemas y obstáculos. Pero montañas conocidas, montañas insaciables. Y caminos por donde pisar, apretar fuerte los pies, sentarnos en medio del camino a descansar, ir i volver, volver a ir y andar y andar, nunca parar. Caminos conocidos, caminos insaciables.



Un día la vi, caminando justo al lado de la orilla, donde las olas rompían con más fuerza. Era un día de temporal, hacía viento y su larga melena rubia se revoloteaba como una hoja de otoño que cae desde el árbol más alto de ese parque, donde solían sentar-se en silencio las dos. Empezaba a caer la noche y el frio era cada vez más intenso. Se le helaban los huesos aunque por razones que desconozco no se movía del pequeño espacio que ocupaba su cuerpo. No conseguía distinguir su rostro. Se sentó en la arena encima de un fular de color lila pálido, pero bonito. Cogió una goma para el pelo y se hizo una coleta, tenía el pelo bonito aunque parecía que a ella no le gustaba. Miraba siempre hacia abajo, como un animal que ha sido abandonado por su dueño y que por más que no quiera, sabe cuál será su final y que todo aquello que tenía hasta entonces; su gente, sus cosas, su habitación… se borrará de su vida, aunque no de sus pensamientos. Y esos se van a hacer duros, van a doler en lo más profundo, donde ni las entrañas ni las vísceras tienen cabida.

Veía como temblaba por el frío, no llevaba ni una chaqueta pero tampoco parecía estar sufriendo por eso. No lograba entender porque no se abrigaba hasta que me di cuenta que lo que necesitaba era el calor de alguien que la arropara. Estaba sola en medio de la playa, pero eso poco le preocupaba, era la necesidad de tenerla a ella, de sentarse junto a la orilla acompañada; sin explicaciones, sin preocupaciones. La vista se le nublaba y los ojos se enrojecían, había algo que le faltaba a esa incontrolada vida, a esos irresponsables fines de semana, a las horas desperdiciadas. La vida la llevaba por un mal camino que aunque intentaba escoger siempre la puerta más correcta, acaba normalmente por escoger la más errónea. Se preguntaba qué era lo que hacía mal, que cosas debía cambiar para no tropezar-se una y otra vez con la misma piedra. Y se lo preguntaba día tras día, y hora tras hora. La impaciencia de encontrar las respuestas, se decía a ella misma, no siempre es el mejor camino, la impaciencia solo te lleva a alargar los malos momentos a no controlar tus actos, a adentrarte en bosques muy oscuros, a surcar mares con miles de millones de gotas de agua. Y cuando te das cuenta de eso, sigues llenando esa mar con tus lágrimas, con el desamor de los que amas, con la decepción de ti misma y las esperanzas e ilusiones que vas perdiendo por el camino.

Cuando llevaba por lo menos una hora observándola, me di cuenta del espejo que tenía delante, que esa chica no era más que mi reflejo. La arena de playa se convirtió en las sabanas de mi habitación. El mar que se guardaba a sus pies, era mi armario con ese espejo delante. Y ahora sin poder dejar de mirarme, pensaba… ¿si tan bien te conoces porqué no dejas de lado esa impaciencia?



Recaigo en la esperanza de emociones ya pasadas y sin despojarme de mis escamas, aquellas que a veces se encuentran frías y algo malgastadas, voy subiendo cuesta arriba intentando bosquejar una sonrisa excéntrica, siendo siempre algo más optimista.

La ciudad se despierta impasible a la espera de mi agonía y sin dejar de lado mi anhelo te persigo en cada uno de mis sueños. Suelen ser de madrugada, por esas calles londinenses donde no todo está perdido.  Y como si fuésemos aun un par de niñas traviesas nos escondemos de la gente sin dar salida a las pasiones que nos enojan noche y día.

Aun recuerdo esos temblores, los tengo todos los días, espero que vengan acompañados de su fecha de caducidad. Por eso ensayo con mi espejo, me desnudo por dentro y miro a lo lejos viendo aun tu expresión, tu sonrisa… suerte que me persigue por las mañanas mientras ahí sentada percibo el aroma de tu rastro que se queda siempre cuando pasas por mi lado. Y seguirá siempre precavido, como un elaborado destino que se ausenta por las noches en mis sueños más codiciados. La codicia, maldita la palabra que se expone en mi diccionario, malditos los temblores que persisten en los sueños que dejan de ser ilusiones para convertirse en pesadillas.

Deseo fantasear despierta, divagando entre los recovecos inexplorados de tu cuerpo. Coger mis dedos y acariciarte el pelo, palpar los espacios que forman tu presencia y tu sin oponer resistencia alguna dejas que te observe desde el otro lado de la cama. Yo ahí bien sentada, justo en el borde con unas sabanas recién limpias y llenas de pinturas románticas, aunque ya deshechas por el roce de nuestros cuerpos, a veces tan inocentes a veces tan impuros, pretendo no dormirme para que no se acabe el día, intento contar los segundos para parar el tiempo y cada uno de ellos se hace más largo. Tú te duermes, yo empiezo a estar algo aturdida, necesito cerrar los ojos, aunque sepa que te irás cuando vuelva a abrirlos. Pero mi ser ya no puede… dejo que mis pestañas recaigan sobre mi cara.

 

Porque si bien sé que estás ahí y que volverás, mis ganas me pueden y mi voluntad se hace más débil.

Siempre me quedará el seguir soñando contigo.



Voy pensando en que escribir sin saber muy bien como detallar lo que siento. Es difícil plasmar en un papel todo aquello que me deplora. Las sensaciones más oscuras y los pelos de punta. Electrones de nostalgia me recorren, se agitan por mi cuerpo y me corroen por dentro. Con mi pijama favorito desgastado por los días, algunos más largos que otros, voy fumando cigarrillos. Mi corazón palpita rápido. Cierro los ojos e imagino…Caigo en un pozo algo oscuro. Recorro en círculo sus paredes intentado dejar de lado la claustrofobia que padezco por dentro. Una llama que quema e intento buscar un gran mar de agua en el que sentirme libre. Me tiro en el y me doy cuenta… solo se trata de una trampa, me quedo allí enredada, veo que no puedo salir a la superficie. Me ahogo con mis gritos. Y aun así veo esa pequeña luz que llega a través de algunos rayos de esa debilitada puesta de sol. Vuelvo a abrir los ojos y me seco las lágrimas. Aún queda algo de ese pitillo. Ahora ya más consciente de mi realidad me siento, asustada, encima de la repisa de mi ventana. Miro las estrellas y veo pasar un cometa. Le pido mil deseos, le pido que te quedes, le pido que me quieras, le pido que te enamores, le pido seguridad y paciencia. Me viene todo a la cabeza y sin poder ya ni respirar miro al cielo y reflexiono… ¿seré yo la que se equivoca?



 

 Aun recuerdo ese día. Aquella niña con un vestido negro a rayas rojas. Sentada en el regazo de su madre y allí las dos con una música de los cincuenta que sonaba a lo lejos. Era lenta y suave. Esa canción… a gritos te pedía que la bailases, necesitaba el ruido de tus tacones al compás de esa sonada melodía. Y allí estaba yo, bailando delante del portal justo al otro lado de la calle mirando a esa niña con la mirada perdida. La mirada más triste que jamás he visto. Y derramaban lágrimas por mi cara con solo observarla. Veía su miedo, leía sus pensamientos y percibía sus inquietudes. La madre se la miraba con una pequeña sonrisa esbozada en su desgastado rostro. No comprendía como podía pasar sangre por sus venas. Sonreía sin darse cuenta del gran peso que soportaba encima. El peso de la amargura de la niña y de la agonía de sus sentimientos.

 La canción dejó de sonar y me senté en un banco de esa pequeña calle. Ellas ni se inmutaron. Tan solo seguían en esa pose firme, tan deliciosa a los ojos de los que pasaban pero tan aterradora para mí al ver a esa chiquilla tan vacía por dentro.

Era tarde. Pasaban las minutos tan rápidos que no me daba tiempo a irme. Quería ayudarla. Me observaba a lo lejos y nos mirábamos, la pequeña se daba cuenta que yo era capaz de ver sus temores. Me dibujó un medio círculo entre ese aire cortado que respiraba. Era su forma de decirme hola. Volví a llorar. Me sentía triste y absurda, tenía tantas cosas en mente que no era capaz de ordenarlas de forma racional. Estuve apunto de cogerla, llevármela corriendo y dibujarle una sonrisa en esos resaltados pómulos rojizos. Pero no lo hice. Me levanté y aun no se el porque. Me fui. La abandoné.

A media esquina me giré. Y la niña había dejado de tener esa mirada que reposaba entre alguna que otra hoja de esos pequeños árboles de enfrente. Me miraba más asustada que antes. Me alargaba la mano a lo lejos y no fui capaz de estrechársela. Me temblaba el pulso y me faltaba el aliento. Y sin más, me marché.

Nunca más pude dormir. Esos ojos azules… que gritaban no te vayas, en un lenguaje que tan solo yo podía entender.

De eso ya hace 24 largos años, ahora con 29 sigo pasando todos los días por delante de la casa de la chica del vestido negro a rayas. Pero nunca jamás volví a verla. Nunca debí girar esa maldita calle. Aun lloro por como me miraba y por no haberle dicho un te quiero. Me enamoré de esos ojos y desee llenarlos de alegría.

Ahora tan solo me queda el recuerdo de ese extraño día. Y por supuesto esa bella canción que aun resuena entre mis tímpanos. Estaba hecha para ella.



Sé que voy ha estar horas paseando entre hojas de otoño, que voy a pisarlas y darles patadas con todas mis fuerzas. Sé que todas esas calles que voy a recorrer, silenciosas, van a ser las más solitarias por las que he pasado jamás. Sé que voy a seguir escuchando canciones que me hacen llorar y voy a pasar las horas mirando el calendario, los relojes de cada esquina y me quedaré ahí sentada en un banco de madera, en un parque, solitaria, viendo las agujas de algún que otro reloj viejo. Sé que estaré pensativa que mis ojos desearan cerrarse durante mucho tiempo, sé que desearé que cada lagrima derramada sea la última y no quedarme ahogada entre todas ellas. Sé que miraré mis manos y esperaré que dejen de temblar, volveré a cerrar los ojos e imaginaré que estás allí acariciando mi hombro o abrazándome en mis sombrías noches de soledad. Sé que no caminaré tranquila y que cada paso que dé tu estarás en mis pensamientos que las cortinas de lluvia serán el reflejo de mi agonía y que la distancia no será parte del olvido sino de tu ausencia. Sé que cada cigarrillo encendido se consumirá sin más y pasaran muchos de ellos por mis pequeños labios. Sé que me faltarán muchos besos por dar y muchos abrazos que recoger. Sé que si consigo dejar de pensar es porque estarás fuera de mis pensamientos. Sé que no puedo pedirte más, sé que seguirás estando a mi lado, sé tantas cosas que no quiero saber nada.

Imposible dejar de imaginar, imposibles muchas cosas de las que no quiero hablar…



  

 

Se que es difícil de aceptar. Todos esos muros a los que hay que saber derribar, muros que se alzan en lo más alto de tus metas, más allá de donde nunca pudiste llegar a imaginar.

Las sensaciones de dolor te corroen por dentro como si una gran bola de plomo estuviera incrustada en cada centímetro de tu cuerpo. Esa pesadez, esos pasos que se deben hacer con tanta carga, son los que al fin y al cabo te enseñaran a luchar, a seguir adelante sin que te des cuenta.

Las tormentosas batallas en las que tienes que liderar, o los momentos oscuros que debes iluminar, te marcaran el camino hacia la victoria más digna que logres idear.

No busques la respuesta a todo aquello que te rodea si no sabes ni cual es la pregunta, tan solo se tu, tan solo cubre tus espaldas con aquello que sientas, con el amor que derraman tus labios al besar los míos.

Se que si las noches fuesen más largas y los días más cortos, dormirías a mi lado miles de horas, se que si te rodeo con mi brazo mientras te cojo de la mano todo es más fácil, más seguro. Se que lo sientes porque siento que lo haces. Aunque debemos utilizar esa fuerza para seguir adelante y las dos nos miramos y lo sabemos. Nos acordamos de algunos días tristes, de alguna que otra lagrima esparcida entre las yemas de nuestros dedos. A la vez somos conscientes que eran necesarias, que como te dije una vez el camino no se si será largo o corto, pero si se que va a ser algo difícil.

Por eso estoy a tu lado para compartir esos conflictos y desafiarlos pase lo que pase y que construiremos nuevos muros de confianza, nuevas ilusiones que no se perderán y nuevos sueños en los que soñar todas esas noches que nos quedan aun por pasar.

 

P.D.: t'estimo


 


                                                                   "Corazones" Jim Dine

 

Solo de pensarlo pequeñas cortinas de lluvia se derraman sobre mis ojos y la brisa de tu suspiro inocente llega hasta mi refugio. Aquel donde se guarda tanto deseo. La perspicacia de tus palabras necias me confunde como si de un aroma de playa se tratara. Tú inconfundible habla, tus deleitosos besos y a la vez la amargura del anhelo al no poder seguir tus pasos. Quiero construir un castillo en medio de la arena, quiero ver tu huella sobre la mía y caminar juntas por mares de hielo entre la frialdad de la gente que nos discrimina por nuestros sexos. Tropiezo con mis pensamientos amargos dejando tan solo pequeños espacios entre zancada y zancada. Me dominan las trabas de la vida y las cosas tristes; me agobian, me asustan, me incomoda sentir que te vas. Y vuelven a aparecer esas locuras de amor. Idiotas palabras de idiotas sentimientos. Y siento ser yo la idiota que no adivina la verdad de tu persona.

Tengo miedo a irme contigo, a quedarse un cuerpo negligente aquí en ese refugio del deseo. A la vez pienso y a la vez me da miedo pensar, odio esas reflexiones donde solo debe usarse la razón y no el corazón. Odio verme atrapada en una habitación sin salida, en un mar con horizontes de agua, en un espejo vacío y cuatro mesas de aula.

Tan solo llego a imaginarme, a tu lado, inventando cajas y ocuparlas de miles de fantasías mientras bailamos canciones lentas bajo las estrellas. Sin reproches, sin preocupaciones. Y consigo ser yo, volver a reírme a carcajadas, volver a sentirme en el país de nunca jamás. Aunque a veces retorno a la realidad y esos juegos dejan de ser verdad. Todo se vuelve a agrietar y no se porque se percibe el mal sabor de un final.

Supongo que al fin y al cabo todo son locuras de amar al amor.



 

 

Cada vez que salgan les estrellas y tu estes mirando el cielo. Piensa en esas noches que pasamos juntas. La una al lado de la otra. Persiguiendo nuestros sueños, en secreto y a escondidas pero juntas. Que si todo aquello para ti tan solo fue una pequeña historia más en tu vida, para mi fue tocar todas esas estrellas con la yema de mis dedos.

Dormidas bajo los arboles, dentro de ese coche esperando que saliera el sol y besandonos como si no existiese nada más en esta incomprendida sociedad. Que si puediese volver atrás y revivir todos esos momentos te diria muchas más veces un te quiero. Solo de recordalo me estremezco tanto… deja de importarme lo más importante, dejo de importarme a mi misma, me pierdo.. me siento como si estuviese en medio de un gran bosque y llevase años buscando la salida. Desesperada por sobrevivir, en mi soledad y mi miedo a no encontrarte, que si por mi fuese me quedaría en ese bosque pero a tu lado. Que no hay cosa más importante que seguir tus pasos. Aunque sea poco a poco, aunque estemos a niveles completamente diferentes, aunque nuestras vidas sean distintas, no dejes de recordar jamás esas noches en vela hablando sin parar.

Recuerda los momentos que aun nos quedan por vivir, los planes desvanecidos y las cosas que teniamos que hacer, los viajes por el mundo, las ciudades que visitar, las noches que nos quedavan por contar… no olvides nunca todo eso por favor. No olvides que si tu no estas a mi lado yo muero. Y sobretodo… que si yo muero tu mueres.

 

 2008-06-12

 



 

  

Des de mi silla, delante de mi ventada, delante de la pantalla de mi ordenador. Aquel que me dio tantos momentos. Sigo aquí esperando a que sople el viento, que aunque las ventanas estén cerradas, puede llegue un huracán de sentimientos que abrumen mi pequeña habitación.

Dejaría pasar todos los minutos vagos de mi vida mirando tu nombre en el ordenador, matando mi “valioso” tiempo escuchando miserables canciones que me apenan aun más por dentro. Malditos minutos perdidos que me hacen temblar cada vez que te veo ahí. Y es que no lo puedo evitar, no se hacer otra cosa que sentarme y quedarme como paralizada mirando si un pequeño muñequito me dirá que estas conectada. Y cuando lo hace, me siento bien, segura, se que estás ahí. Puede que no nos digamos nada pero yo sigo mirando, no puedo hacer otra cosa que quedarme sentada esperando. Busco y rebusco entre las cosas que he hecho durante el día. Tengo ansias de hablar contigo, de explicarte que en realidad no estoy bien. Que si me dieran a escoger lo que yo más quisiera de este mundo, te escogería a ti mi vida. Porque contigo a mi lado es como vivir dentro de un sueño. Por eso no puedo perderte. Y me paro a pensar y pienso… ¿Por qué no le diría esto ayer? ¿Por qué no soy capaz de expresarle con mis sinceras palabras que por favor que vuelva a mi lado? Y es que todo es por culpa de estar sentada delante de ese ordenador…

2008-06-10